Historias del Kronen

Microrrelatos (Primer plato)
Mis primeros pasos de baile los di en zapatillas de deporte, vaqueros y camisa. Una terrible combinación heredada de finales de los noventa. Una época extraña en la que no se ponía el sol. Todo era más sencillo. Un tiempo ingenuo, prehistórico. Vivíamos y bebíamos como si la realidad no fuera con nosotros. La música y las chicas bonitas terminaban de darle el sentido a la vida. Felice di stare lassu, que cantaban los Gipsy Kings. De aquel entonces recuerdo que todo era dramático o intenso. Esa varicela del alma llamada adolescencia. Las zapatillas de deporte nos servían para patear el suelo al ritmo de la música. También para correr, cuando nos hizo falta. *Este relato es una colaboración para la exposición fotográfica "Los pasos perdidos" de José Antonio Martínez…
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Dios es redondo

Microrrelatos (Primer plato)
Eran buenos tiempos. Interminables mañanas de sábado corriendo tras un esférico al que se le desgajaba el cuero y en las que lo único que importaba era horadar a balonazos una portería sin redes. No conocíamos las bebidas isotónicas, sólo el agua de la fuente, que había que beber por turnos. Un tiempo en que saltar una puerta blindada con cadenas no era más que un trámite si querías jugar. La vida era un juego, porque aún no nos habían enseñado la cara amarga y, a pesar de ello, aquellas mañanas eran un preparativo para lo que estaba por llegar. Había que posicionarse: O eras de los que avanzaban esquivando y abriéndose paso, o eras de los que se mantenían en su sitio defendiendo lo propio, o eras el pasivo…
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Robinson Crusoe

Microrrelatos (Primer plato)
Llevé una existencia feliz, cosmopolita. Tenía un par, alguien parecido a mí, con quien sentirme complementado. Juntos éramos el orgullo de nuestros pies. Los condujimos tanto a la rutina del trabajo, como a salidas nocturnas y escapadas al campo. Hasta esa noche en que se descalzaron en la orilla de aquella playa. El amor, como siempre, tuvo la culpa. Nuestros pies andaban enrollados con otros pies más pequeños, de dedos lacados, y la pasión y la ausencia de luna hicieron el resto. Lo último que oí decir a mis pies fue: «No encuentro la bota izquierda». Después de eso tuve que acostumbrarme a la soledad. Al rumor impenitente de las olas. A la curiosidad de las gaviotas y los crustáceos de la zona. A la muerte lenta de las medusas…
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En el camino

Microrrelatos (Primer plato)
Hemos estado de viaje durante largo tiempo. Hollamos cumbres con las que nuestros pies no alcanzaron a soñar. Estas suelas cruzaron fronteras. Surcaron charcos y riachuelos. Surfearon la lluvia. Besaron el sagrado suelo del santuario de Pachacútec. Reposaron a bordo de trenes, autobuses y colectivos. Profanaron con terrones de barro el entablado de cuidadas cafeterías donde se hablaba en voz baja y se jugaba al ajedrez. Vagaron, tragando polvo, junto al arcén de esa vasta arteria, que es la Panamericana. Y sólo liberamos a nuestros pies para que supieran qué es sumergirse en las gélidas aguas del Pacífico. Anduvimos como animales fieles, junto a ellos, en una búsqueda que no parecía tener fin. Hicimos camino, que es lo importante. ¿A qué crees tú que se deben estas arrugas y estos…
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Dedos

Microrreflexiones (Entrantes)
Tengo una herida en el corazón. No es una metáfora cursi, es una herida que tengo en el dedo corazón. Es la parte que menos me gusta de mis manos: Es un corte que me practiqué en ese dedo con un cúter, desensamblando una caja vacía. La herida era algo profunda y no se cerró bien y acabó formando una cicatriz abultada de un leve tono rosáceo. Gajes de trabajar en un almacén… Aunque, otras profesiones no impliquen menos riesgo: Me dieron dos puntos en la cabeza al golpearme con un extintor, cuando trabajaba en una biblioteca. Mejor no preguntéis cómo. Pero me estoy desviando. Estaba hablando de mis dedos. A día de hoy, los miro y pienso: son raros. Larguiruchos y con alguna uña que otra de forma irregular.…
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Patagonia

Microrrelatos (Primer plato)
De crío, imaginaba la Patagonia como un lugar utópico, casi inexistente, un lugar legendario situado geográficamente en los confines del mundo, allá donde habitaban bestias marinas increíbles y donde se acababa el mar y uno caía al vacío en caso de no virar la ruta. La verdad es que, una vez allí, uno comprueba que no hay nada sacado de una novela de fantasía. Si acaso, los paisajes. Para llegar a la población más cercana de la Patagonia argentina hay que pasar antes por la burocracia de la aduana chilena (intensiva, intransigente y lenta), para terminar arribando a un pueblecito de casas de planta baja, fachadas de madera y techos a dos aguas, que circunda el lateral derecho del lago Lácar, y que recibe el nombre de San Martín de…
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