Palo selfie

Sostiene en sus manos un palo selfie (bastón para autofotos, selfie stick, monopod…) y, por medio de éste, se dispara. Dispara a su propia vida. De frente, de lado, mirando hacia atrás. Poniendo morritos. Elevando la barbilla. En actitud despreocupada. En el bar, en la universidad, en la piscina.

El palo selfie aporta distancia y perspectiva, como el tiempo. De hecho, la Teoría de la relatividad nos dice que la distancia que la luz habrá de recorrer desde la apertura y cierre del diafragma hasta la superficie del sujeto fotografiado será mayor, por lo que el paso del tiempo será mayor: El sujeto no será el mismo cuando apriete el obturador que cuando la cámara registre la realidad convirtiéndola en una sopa de píxeles. Será otra persona. Tal vez no en apariencia, pero habrá cambiado. Tal vez la sonrisa, para entonces, haya mutado a mueca sonriente. Piensa que, a nivel microscópico, hay una distancia abismal, de eones, de micro partículas realizando el viaje de su vida.

El palo selfie es, pues, un gran invento. No sólo sirve para engordar tu ego sin dar esa sensación tan cutre, tan kitsch, tan anticuada de que no hay nadie al otro lado del objetivo, que eres tú y solamente tú el que se encuentra bello, memorable, digno de una foto. También es una simple, pero eficaz máquina del tiempo. Y como toda máquina del tiempo que recuerdo, pasará de moda.

El ego y sus complementos. Eso sí que no se quedará anticuado jamás.

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1 comentario

  1. Lapetitechinoise dice: Responder

    Jajajaja! Qué genio!

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