La épica de un outlet

            —¿Tenéis alguna con la cara de Malcolm X o del Ché?

           —¿El Ché? Ésas ya no se venden. Eso está más pasado de moda que mi abuela.

            —¿Y con la imagen de Gandhi tenéis alguna?

        —¿Gandhi? Pff. No. Lo más fácil es que te decidas entre la de Sheldon Cooper sacando la lengua a lo Einstein y la de Metanfetamina 100% Heisenberg. Ya no se lleva mucho lo de poner caras en las camisetas. Eso es muy de los noventa, ¿no?

      —Es que estoy buscando algo para mi sobrino, que es muy revolucionario, ¿sabes? Tiene el Facebook lleno de cosas sobre la república y el 15M y no para de enviarme invitaciones para que firme contra la pesca de ballenas.

            —Uy, sí, las ballenas. Pobrecitas. ¿Qué tal ésta?

            —¿Esa quién es?

            —Khaleesi.

            —¿Y esa quién es?

            —Una revolucionaria, como tu sobrino. Llévasela, seguro que él la conoce.

            —Pues te haré caso. Se nota que entiendes de esto… Ahora que te miro, tienes la misma cara de inconformista que mi sobrino.

            —¿Inconformista? Sí…

            —¿Has dicho algo?

            —No, que si se la envuelvo.

            —Sí, por favor. Oye, ¿te puedo preguntar una cosa?

            —Usted dirá.

           —¿Hace falta estudiar algo para trabajar aquí? Es que el sobrino del que te hablo está en paro, el pobre… Lleva seis meses sin saber qué hacer.

            —No hay que estudiar nada.

            —¿Tú no has estudiado nada?

            —Yo estudié periodismo en la universidad. Y aquí me tiene. Son doce cincuenta.

            —Sí… a ver… creo que llevo medio euro suelto.

            —Aquí tiene. Gracias.

         —Sí… ¿Entonces… podría dejarte su curriculum, a ver si se puede hacer algo?

            —Déjemelo.

            —Muchas gracias.

            —De nada, adiós.

La vendedora echa un vistazo al revolucionario de la foto de carnet. Tiene la misma cara de idiota que los diez anteriores. La misma cara que tenía ella en su currículum. Sonido de papel arrugándose y un clonc que indica que algo ha caído en el interior de la papelera vacía que hay tras el mostrador. La vendedora sigue doblando camisetas con el rostro de Daenerys Targaryen, mientras piensa en el vacío que siente en el estómago, el cual acaba por achacar al hambre. Menos mal que se acerca la hora del almuerzo.

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