Código fuente

−Ey, ¿qué haces?

−Nada.

−Como que nada. Te he visto. Estabas conectado a mi red.

−Bueno, sí.

−¿Cómo que bueno sí? ¿Qué pasa? ¿Es que la tuya no funciona?

−Sí, bueno, verás… Me estaba descargando algo de tu software.

−¿Mío? ¿Qué has estado descargando?

−Tus pensamientos.

−¿Pero qué? ¡Eso es personal, imbécil!

−Lo sé, lo sé. Pero es que como siempre dices que no te entiendo…

−¡Claro que no me entiendes! ¿Ves cómo no me entiendes? ¡Eso es información personal!… ¿¡Qué has estado viendo!?

−Bueno, verás… le he estado echando un vistazo a tu código fuente. Está todo muy confuso.

−Te mato. Yo te juro que te mato. ¿Te he dado yo permiso, acaso?

−Lo siento. De verdad. Yo sólo quería ponerme en tu piel.

−¿Y bien? Estarás contento…

−No demasiado. Me he estado buscando por todo el código… y es que… no estoy. No hay ni una línea de código en la que yo aparezca. ¿Qué significa eso?

−¿Que qué significa? Que tenemos un gran fallo en el sistema.

−No me vengas con metáforas. Quiero que vuelvas a escribir esas líneas. Como la noche aquella en que nos descargamos la aplicación psicodélica y escribiste esas cosas tan bonitas sobre mí.

−Esa noche yo iba totalmente puesta. Aquello no eran más que cursiladas.

−No lo sentías realmente…

−Sentía hasta como respiraba el último poro del dedo gordo del pie, pero ése no es el caso. Ahora que has visto el código, no merece la pena seguir fingiendo. Descargo mis ficheros y me voy.

−¿Adónde vas?

-Al disco duro de mi madre. No me escribas. Olvídame. O mejor, bórrame de tu memoria. Y resetéate, anda.

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