La poética de una batalla campal

Microrreflexiones (Entrantes)
Se murió Panero y no pude escribir nada. No sentí nada. Bueno sí, sentí lo mismo que cuando oigo que se ha extinguido tal o cual especie. Se ha extinguido la especie a la que él pertenecía. Ya no hay Paneros en el planeta Lexatín. Creo que ni el mismo Panero era tan Panero hacia el final de sus días. Sólo un traje de persona reteniendo una energía delirante y creativa que necesitaba escapar. Llegó la primavera. Se murió Suárez y tampoco sentí nada. Más gotas al océano. Pero entre tanto sí que ocurrió algo interesante, algo que me hizo bombear sangre: Miles de personas se concentraron en una plaza de la capital para protestar contra las aves carroñeras que anidan en el Congreso. Los encuentros colectivos son pura emoción.…
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El novísimo testamento

Microrrelatos (Primer plato)
Beat Nick decidió que escribiría una nueva Biblia. Un libro legendario, lleno de lecciones morales en cada capítulo, o en cada versículo. Un libro barnizado en sangre y violencia (que es como la sangre, pero de un tono más caoba). Un libro místico con el que los espirituales resolverían al fin  sus dudas sobre la existencia. Un libro del que habría más ejemplares pirata (mal fotocopiados y unidos por un lomo de anillas) que de ejemplares auténticos. Lo escribiría, lo escribiría. Sería ese libro que permitiría reconducir a las masas. Hacer ver a todo el que lo leyera que el capitalismo es anti ético per se. Que haría soñar a los lectores con monstruos marinos y magia alquímica. Un libro que arrojaría nuestro pensamiento a los abismos de la imaginación,…
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Fakir

Microrreflexiones (Entrantes)
Soy un embaucador de serpientes y en mis manos se observa que aún me pesa el amauterismo. Ésta, la víbora que llevo años tratando de domesticar, se llama literatura. El ritual es sencillo. En teoría. La serpiente está dentro de la cesta. Siempre. En cada cesta hay una serpiente. Ésta es la mía. La que me legaron. La que poseo (¿o es ella la que me posee?) desde la niñez. Como digo, la serpiente está ahí. Puede que no la veas. Está dormida. Muchos tienen a sus serpientes dormidas. Hibernan sin nada mejor que hacer. Yo llevo años tocando el instrumento. Intentando, no sólo despertar al animal que dormita, sino hacer que baile a mi compás para gusto y deleite de los que pasan y observan. No echéis monedas. No…
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El escritor que no se vende

Microrreflexiones (Entrantes)
Que paren la música. Un escritor no debe venderse. A ver, repita conmigo un-escritor-NO-debe-venderse. Un escritor puede beber el blanco licor que emana de la luna, pero jamás venderse, ¿ok? Un escritor, un escritor de verdad, debe revolver en la basura. De hecho, encontrará alimento suficiente allí y quizá sea un buen sitio para pasar unas vacaciones. Lo que no debe hacer nunca es venderse. Un escritor debe escribir su obra en silencio. Sin decir nada a nadie. Como quien conspira contra la autoridad vigente. Se debe escribir una obra maestra. O algo que el escritor piense que es una obra maestra. Luego, debe guardarse en un cajón, sacarla cada dos años para revisarla, envejecer, morir y esperar a que alguien descubra el manuscrito inédito, que lleva años latiendo en…
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Ganapanes

Microrrelatos (Primer plato)
José Rafael de Parda es un joven escritor. O eso se dice a sí mismo: Joven escritor. Lo cierto es que el joven José Rafael sabe usar las palabras. Con dieciseis años envía un relato a un concurso y gana un acésit. A partir de ahí, le ocurre lo que a todo aspirante: se convence a sí mismo de que es un escritor y de que el mundo lo necesita. Por aquel entonces, escribe relatos que llegan a su cabeza como tempestades, sacudiéndolo. Se le acumulan los relatos en las libretas, en la Olivetti, más tarde en el Pentium. Manda relatos a concursos, a fanzines, hasta a revistas literarias de lengua inglesa, con la esperanza de ser traducido algún día, de ser descubierto fuera de su patria chica y de…
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Free bird

Microrrelatos (Primer plato)
Cuando trabajaba en la fábrica de bizcochos, Juan Cafeína tenía dos problemas: La Dominatrix y la Santa. Ésos eran los nombres en clave con los que Claudio y él habían apodado a aquellas dos compañeras de trabajo. Lo hicieron así para que nadie supiera de quiénes estaban hablando. Aunque era una fábrica pequeña y no resultaba difícil de imaginar. De camino al trabajo, en ese trance de quince minutos en coche, mientras aquellos dos se arrancaban las legañas aún cuando el sol permanecía agazapado tras el horizonte, solían nombrarlas al punto de que debía escocerles el oído: -¿Con qué humor se habrá levantado hoy Dominatrix? -No lo sé. Espero que mejor que ayer. o -La Santa ayer me dijo que me sentaba bien el delantal. Que ella es ver a…
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Código fuente

Diálogos (Aperitivos)
−Ey, ¿qué haces? −Nada. −Como que nada. Te he visto. Estabas conectado a mi red. −Bueno, sí. −¿Cómo que bueno sí? ¿Qué pasa? ¿Es que la tuya no funciona? −Sí, bueno, verás… Me estaba descargando algo de tu software. −¿Mío? ¿Qué has estado descargando? −Tus pensamientos. −¿Pero qué? ¡Eso es personal, imbécil! −Lo sé, lo sé. Pero es que como siempre dices que no te entiendo… −¡Claro que no me entiendes! ¿Ves cómo no me entiendes? ¡Eso es información personal!… ¿¡Qué has estado viendo!? −Bueno, verás… le he estado echando un vistazo a tu código fuente. Está todo muy confuso. −Te mato. Yo te juro que te mato. ¿Te he dado yo permiso, acaso? −Lo siento. De verdad. Yo sólo quería ponerme en tu piel. −¿Y bien? Estarás contento… −No…
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Tu cara en un cartel

Microrrelatos (Primer plato)
Nick aún recuerda esa tarde. Fue hace un par de años, así que no hay motivos para haberla olvidado tan pronto. Esa noche recitaba en un café cultural de Murcia, invitado por V.L., el maestro de ceremonias del ciclo poético, buen poeta, periodista y camarada en esto de lo literario. Caía la tarde, como todo cae arrastrado por la gravedad, y Nick corría por calle Platería, en busca de una copistería abierta. Eran días ajetreados. Estaba a punto de empezar a impartir unos talleres literarios en esa ciudad y se había desplazado allí unas horas antes del bolo para atar unos cuantos cabos sueltos. Nick recorría las callejuelas con prisa, porque lo normal en él era ir con prisas allá donde iba. A esa velocidad, en la que la visión…
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Black card

Microrrelatos (Primer plato)
Lunes por la mañana. Salgo a comprar pan para el desayuno y cruzo las callejuelas del barrio de clase obrera al que me he mudado. Aquí el aire huele a sudor avinagrado, a tabaco rancio y a especias morunas. Las fachadas piden a gritos una catarata de pintura. El cemento se alterna con el ladrillo visto. Las persianas lucen una sonrisa descolgada. Por lo demás, es un barrio "vivo". Siempre hay gente en la calle y hablan en alto y en varias lenguas. El barrio te habla, si pones las orejas y escuchas. A unos metros de la puerta de la panadería, encuentro una cartera abandonada, abierta en una "V" invertida, sobre un portal. Mi reacción es la de un súperhéroe. Me agacho y me la guardo en el bolsillo,…
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Apartamento

Diálogos (Aperitivos)
Estoy buscando apartamento. Llamo a todas esas voces anónimas con nombres de nueve cifras (693458927, 983852175...). Las voces responden lejanas, inquietas, como si te acercaras por la espalda y los pillaras in fraganti mientras preparan una carbonara, esperan en la cola del paro o pasean al perro. -He visto su anuncio. Estoy buscando piso. Algo pequeño. Es para mí. -Éste tiene tres dormitorios, cocina con barra americana y plaza de garaje. -No tengo coche. Ni siquiera tengo el permiso renovado. Y me sobra con un dormitorio. -Puedes buscar a alguien más y compartir... -No me interesa compartir piso. Voy a escribir una novela. Necesito silencio. -¿Escribir? Oye, ¿tú a qué te dedicas? (Subtexto: Oye, ¿tú tienes dinero?) -Trabajo en PalaMala S.A. -Hum, esa es una gran empresa (Subtexto: O sea,…
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