Que corra el Air B’n’b

Relatos (Plato fuerte)
Llegué con intención de echarme a dormir y antes de dar la luz me di cuenta de que no estaba solo en la habitación. Oí su respiración. Y lo oí revolverse en la cama -y digo «lo» porque por la respiración y el peso de un cuerpo sobre un colchón casi que uno puede saber el sexo, el tamaño y quizá la edad de una persona-. No estaba solo, eso estaba claro, así que no encendí la luz. Busqué la cama a tientas, en la oscuridad. Me desnudé como pude y me estiré en el colchón. «Es un hospedaje barato», me dije, consolándome. Pero a mí el respeto me puede. Así que ocupé mi parcela en el colchón, sin regalarme demasiado, e hice por respirar profundo, para dormirme. Ya nos…
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Mi ego y yo

Relatos (Plato fuerte)
Me estaba lavando la cara, cuando devolví la vista al espejo y yo ya no estaba allí. Es decir, mi imagen había desaparecido; ahí seguía el reflejo del cuarto de baño, los geles y el champú, las toallas, la cisterna… pero en lo tocante a mi persona era como si me encontrase en otra parte de la casa y no en el baño. Asustado, busqué instintivamente mis manos: todo seguía en su sitio. Mis brazos. Mis piernas. Mi barriga incipiente. Me alivió comprobar aquello. Pero en la superficie del cristal yo aún brillaba por mi ausencia. Sentí una extraña paz. Una ligereza de espíritu. Como si pesara menos. No sabría bien cómo decirlo. Mi desconcierto era razonable. Imagínate: Se me pasaron toda clase de ideas locas por la cabeza. Problemas…
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Tormenta de verano

Microrrelatos (Primer plato)
Ocurre, sobre todo, en verano. Una mañana cualquiera, uno ve venir un rebaño de nubes grisáceas por el horizonte y ya se huele lo que acontecerá después. El clamor de los truenos que las acompañan suele ser un buen indicador de la que se avecina. El cielo ruge y uno prefiere quedarse en casa, por lo que pueda pasar. Una tormenta veraniega es un fenómeno que sucede sin mesura. Se oye hablar a los expertos, a la prensa, a las instituciones que estamos ante un fenómeno incontrolable y positivo. “La lluvia es necesaria”, dicen. “Vamos hacia la desertificación y sin la lluvia se secarían nuestros campos, nuestros huertos”, dicen. “La lluvia es vida”, dicen. Pero quienes dicen obvian que la lluvia en exceso y sin control es perjudicial, como todo.…
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Avistamiento

Relatos (Plato fuerte)
Estábamos en su comedor, hablando de algo poco importante. Ya te puedes imaginar, una conversación de treintañeros mantenida entre latas de cerveza, cigarrillos y una televisión encendida a bajo volumen, pero con conflictos armados e imágenes bursátiles de fondo. Yo no estaba muy pendiente del hilo, hipnotizado por el ritmo con que se encadenaban las malas noticias en esa pantalla. Pero entre aquella nebulosa de voces, escuché que Jimena dijo: «Yo hace tiempo que no veo mariposas por la calle. ¿Vosotros habéis visto mariposas hace poco?». La negativa fue unánime. Nadie sabía qué había pasado con las mariposas. Pablo saltó diciendo que eso era cosa de los pesticidas y de los productos con que se abonan los jardines de la ciudad y la mayoría le dio la razón. «Es como…
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Instrucciones para dar de comer a un gato

Microrrelatos (Primer plato)
Piensa en esto, cuando te regalan un gato te regalan un pequeño infierno peludo, un calabozo hecho de maullidos, un supervisor de mirada inescrutable y cósmica. No te dan solamente un gato, procura darle una buena vida y esperamos que no se te escape, que su madre era una gata callejera y, como todo el mundo sabe, esas cosas van en los genes. No te regalan solamente una mascota, a la que reservarás un espacio en tu propia casa: «Aquí es donde te daré de beber y aquí donde te dejaré el pienso y los restos de mi comida, aquí donde dormirás y aquí, en esta caja con tierra, donde harás tus cosas de gato». Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben- un nuevo pedazo…
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No me sirven en el electrobar

Relatos (Plato fuerte)
Relato ganador del Certamen de Relato Breve Fantástico de la Universidad del País Vasco (2014) Hace unas horas que no discurre la publicidad por las lentes oscurecidas de mis gafas. Y eso mosquea. Es como si a uno ya lo dieran por muerto. Los vivos consumen. Los cadáveres se consumen. Bajo a la primera planta de la calle Becario. Allí hay un electrobar y lo que yo necesito en este momento es un trago. Entro, ocupo un reservado. No me gusta que me molesten mientras bebo. Introduzco la tarjeta de créditos en la ranura y me quedo mirando las arrugas de mi camisa, mientras carga el menú. No consigo recordar el momento en que esas arrugas no estuviesen ahí. La pantalla, al fin, me ofrece las clásicas opciones. Ha sido…
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Mala conciencia

Relatos (Plato fuerte)
[Este relato es la secuela del relato titulado "Puta suerte", que forma parte del libro Negra, fría, dura y en tu boca] Me había prometido a mí mismo no volver a pisar aquel barrio. Durante un par de meses me mantuve alejado, escondido en la pensión más barata y menos higiénica de Aluche. Al principio, no sabía qué era lo que me retenía allí. ¿Por qué no andaba ya tomando el sol en alguna playa de Cuba o Puerto Rico? En su momento, me dije que usaría el dinero para cambiar de vida. Pero es más fácil decir algo, que hacerlo. Cuando uno siempre ha sido un gusano y no una mariposa, no es sencillo el tránsito de convertirse en un capullo. Todo lleva su tiempo. Para empezar, había comenzado…
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Crónicas playeras (V)

Microrrelatos (Primer plato)
Miro atrás. Miro atrás interiormente. Es esa cadena de neuronas hilvanadas las que me llevan a un momento pasado que, por llamar de algún modo, llamamos recuerdo: Hay un hombre de pie, junto a mí, haciendo equilibrios sobre las rocas. Ese hombre es mi abuelo. Es una mañana fresca de verano, o tal vez es que hemos salido temprano de casa. El mar brilla con un azul que sólo existe en mi memoria. Ni siquiera los programas de edición de fotografías pueden reproducir ese color. Es un pantone desconocido, onírico. Ese señor, mi abuelo, el padre de mi madre, me anima a buscar algo entre las rocas. Estamos buscando cangrejos. Se queja, porque sólo disponemos de un cubo con unos pequeños peces grisáceos como culebrillas de mar con ojos saltones…
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Crónicas playeras (IV)

Microrrelatos (Primer plato)
En noches como ésta, da la sensación de que se hubiera instaurado la paz mundial. Las vistas desde este balcón son increíbles y yo soy capaz de verlo ahora, gracias a una mirada ajena. Enmarcada por luces lejanas, puede verse toda la bahía. La luna se alza en un ángulo de unos cuarenta grados sobre mí. Parece una cara cantando o silbando o aullando. Su reflejo es enorme y baña hasta a la propia orilla. Hay parejas bien vestidas paseando como si no tuvieran nada de qué preocuparse. Por ejemplo, veo pasar a un adolescente de rasgos latinos, con una camiseta ceñida por las horas que emplea en levantar cosas pesadas en el gimnasio, erguido como si le hubieran introducido algo alargado por el recto anal, paseando junto a una…
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Crónicas playeras (III)

Microrrelatos (Primer plato)
Antonio, -un cliente-, es  un Poseidón venido a menos. A bastante menos. Si el dios del mar hubiera salido del agua y cambiado su tridente y su cola de pez por unas chanclas, pantalón corto y camisetas de propaganda que recubren su generosa panza, ese sería Antonio. Los bucles canosos y caóticos de su barba y de la cabellera que circunda su incipiente calvicie, como digo, le otorgan cierto aire de deidad. Antonio es un viejo conocido. Un cliente habitual de dos de los bares en los que he estado alistado como camarero. Pareciera un asunto kármico la omnipresencia de Antonio, pero hay una explicación más sencilla, una navaja de Ockham: Él hace una ronda diaria por todos los bares de este pequeño pueblo costero. No hay día que Antonio…
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