Crónicas playeras (IV)

Microrrelatos (Primer plato)
En noches como ésta, da la sensación de que se hubiera instaurado la paz mundial. Las vistas desde este balcón son increíbles y yo soy capaz de verlo ahora, gracias a una mirada ajena. Enmarcada por luces lejanas, puede verse toda la bahía. La luna se alza en un ángulo de unos cuarenta grados sobre mí. Parece una cara cantando o silbando o aullando. Su reflejo es enorme y baña hasta a la propia orilla. Hay parejas bien vestidas paseando como si no tuvieran nada de qué preocuparse. Por ejemplo, veo pasar a un adolescente de rasgos latinos, con una camiseta ceñida por las horas que emplea en levantar cosas pesadas en el gimnasio, erguido como si le hubieran introducido algo alargado por el recto anal, paseando junto a una…
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Crónicas playeras (III)

Microrrelatos (Primer plato)
Antonio, -un cliente-, es  un Poseidón venido a menos. A bastante menos. Si el dios del mar hubiera salido del agua y cambiado su tridente y su cola de pez por unas chanclas, pantalón corto y camisetas de propaganda que recubren su generosa panza, ese sería Antonio. Los bucles canosos y caóticos de su barba y de la cabellera que circunda su incipiente calvicie, como digo, le otorgan cierto aire de deidad. Antonio es un viejo conocido. Un cliente habitual de dos de los bares en los que he estado alistado como camarero. Pareciera un asunto kármico la omnipresencia de Antonio, pero hay una explicación más sencilla, una navaja de Ockham: Él hace una ronda diaria por todos los bares de este pequeño pueblo costero. No hay día que Antonio…
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Crónicas playeras (II)

Microrrelatos (Primer plato)
Recorro una avenida llena de socavones. Este sitio me trae recuerdos que son como un olor olvidado o una sensación que marcó un momento. Hace una década, más un lustro, podías encontrarme allí. Con mi inseguridad y un cubata entre las manos. El tiempo te pasa por encima, como una ola, y al emerger otra vez ya no eres el mismo. Qué cosas.          Ahora todos esos bares están cerrados y en el piso superior de estos vive gente. De la puerta de algunos de estos pubs cuelga un cartel descolorido de SE VENDE, que es como la guinda del pastel de la desesperanza porque aquel lugar vuelva a ser lo que fue. El pasado no regresa nunca. Siempre es ahora. Sin embargo, estos lugares, vetados al público por portones…
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Crónicas playeras (I)

Microrrelatos (Primer plato)
Venimos al mundo a desgastarnos y a dejar cierto brillo, cierto barniz en cada segundo de nuestro desgaste. Por eso acepté este trabajo de verano en una terraza frente al mar. Por eso, y porque necesito el dinero... Por mucha épica o mucha lírica que le imponga, sí, definitivamente es por el dinero. Algún día, el mundo dejará de ser tal cual es, y el dinero no será más que cifras sin sentido ni valor. Los billetes no serán más que papeles viejos con los que empapelaremos maceteros. Algún día. Puede que mis ojos no lo vean, pero ocurrirá. Las ruedas de mi premisa se desvían. Giro. Vuelvo a la carretera... No encuentro placer en recoger y limpiar vasos y platos con bebida y comida ajena. ¿Quién sí? Pero sí…
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Historias del Kronen

Microrrelatos (Primer plato)
Mis primeros pasos de baile los di en zapatillas de deporte, vaqueros y camisa. Una terrible combinación heredada de finales de los noventa. Una época extraña en la que no se ponía el sol. Todo era más sencillo. Un tiempo ingenuo, prehistórico. Vivíamos y bebíamos como si la realidad no fuera con nosotros. La música y las chicas bonitas terminaban de darle el sentido a la vida. Felice di stare lassu, que cantaban los Gipsy Kings. De aquel entonces recuerdo que todo era dramático o intenso. Esa varicela del alma llamada adolescencia. Las zapatillas de deporte nos servían para patear el suelo al ritmo de la música. También para correr, cuando nos hizo falta. *Este relato es una colaboración para la exposición fotográfica "Los pasos perdidos" de José Antonio Martínez…
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Dios es redondo

Microrrelatos (Primer plato)
Eran buenos tiempos. Interminables mañanas de sábado corriendo tras un esférico al que se le desgajaba el cuero y en las que lo único que importaba era horadar a balonazos una portería sin redes. No conocíamos las bebidas isotónicas, sólo el agua de la fuente, que había que beber por turnos. Un tiempo en que saltar una puerta blindada con cadenas no era más que un trámite si querías jugar. La vida era un juego, porque aún no nos habían enseñado la cara amarga y, a pesar de ello, aquellas mañanas eran un preparativo para lo que estaba por llegar. Había que posicionarse: O eras de los que avanzaban esquivando y abriéndose paso, o eras de los que se mantenían en su sitio defendiendo lo propio, o eras el pasivo…
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Robinson Crusoe

Microrrelatos (Primer plato)
Llevé una existencia feliz, cosmopolita. Tenía un par, alguien parecido a mí, con quien sentirme complementado. Juntos éramos el orgullo de nuestros pies. Los condujimos tanto a la rutina del trabajo, como a salidas nocturnas y escapadas al campo. Hasta esa noche en que se descalzaron en la orilla de aquella playa. El amor, como siempre, tuvo la culpa. Nuestros pies andaban enrollados con otros pies más pequeños, de dedos lacados, y la pasión y la ausencia de luna hicieron el resto. Lo último que oí decir a mis pies fue: «No encuentro la bota izquierda». Después de eso tuve que acostumbrarme a la soledad. Al rumor impenitente de las olas. A la curiosidad de las gaviotas y los crustáceos de la zona. A la muerte lenta de las medusas…
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En el camino

Microrrelatos (Primer plato)
Hemos estado de viaje durante largo tiempo. Hollamos cumbres con las que nuestros pies no alcanzaron a soñar. Estas suelas cruzaron fronteras. Surcaron charcos y riachuelos. Surfearon la lluvia. Besaron el sagrado suelo del santuario de Pachacútec. Reposaron a bordo de trenes, autobuses y colectivos. Profanaron con terrones de barro el entablado de cuidadas cafeterías donde se hablaba en voz baja y se jugaba al ajedrez. Vagaron, tragando polvo, junto al arcén de esa vasta arteria, que es la Panamericana. Y sólo liberamos a nuestros pies para que supieran qué es sumergirse en las gélidas aguas del Pacífico. Anduvimos como animales fieles, junto a ellos, en una búsqueda que no parecía tener fin. Hicimos camino, que es lo importante. ¿A qué crees tú que se deben estas arrugas y estos…
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