Días de pisco y rosas II

Relatos (Plato fuerte)
[Este relato pertenece a la crónica inacabada de mis experiencias en Chile, titulada “Resaca de pisco”] -Imagina que el paquete de cigarrillos light es el partido de derechas e imagina que el paquete de cigarrillos corrientes es el de izquierdas. ¿Ves? Por fuera, tienen colores distintos. Pero, en el fondo, los dos son tabaco. Los dos te acaban matando. Lo he vuelto a hacer. Estoy chispado o andando encima de la pelota, como dicen en Chile, y como no sé a quien culpar de la insatisfacción propia de nuestra generación, he terminado cargando contra la clase política. Ignoro por qué siempre sucede esto. Me observo, tratando de comparar dos paquetes de tabaco con el bipartidismo para que Hilda, una amiga de la hermana mayor de Marla, entienda mis quejas sobre…
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Días de pisco y rosas

Relatos (Plato fuerte)
[Este relato pertenece a la crónica inacabada de mis experiencias en Chile, titulada “Resaca de pisco”] Es una tarde tibia y estamos los cuatro sentados en la terraza de ese fast-food mejicano que hace esquina en la plaza Perú. Con los cuatro me refiero a Lucía, Marla yo y ese crío de veinte años que dice llamarse Felipe. Felipe es nombre de pijo. Felipe me recuerda a sonrisa de flashes, a palabras vacías, a feudalismo, a Philip Morris, a flipe. Como digo, estamos los cuatro. Cuando se abrió la puerta del apartamento, apareció aquella muchacha, descalza, envuelta en una toalla, con el cabello hecho una bayeta. Todo un catálogo de piel tostada. Luego, desapareció por la puerta de su cuarto, ofreciéndonos una vista completa de su espalda mojada, y me…
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Temblores

Relatos (Plato fuerte)
[Este relato pertenece a la crónica inacabada de mis experiencias en Chile, titulada "Resaca de pisco"] Está bailando una lámpara. En Chile siempre está bailando una lámpara. Yo me marco este claqué sobre el teclado, desde las faldas de un sofá de piel sintética de color lechoso, en el noveno piso de un lujoso edificio de la calle Freire. No se trata de nuestro apartamento. Nuestro presupuesto no daría ni para la propina del portero. Porque, así es, este edificio tiene un portero trajeado que te trata de señor al pasar, una sauna, un jacuzzi, una sala de fiestas y hasta una piscina a la intemperie en el ático. No estoy acostumbrado a ver bailar a las lámparas, ni a escuchar a los vasos hablar entre sí en código morse,…
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La niebla (remake casero sin permiso de Stephen King)

Microrrelatos (Primer plato)
[caption id="attachment_441" align="aligncenter" width="739"] Fotografía por Lana RZ (21/12/2015)[/caption]   Amanece el día después de las elecciones. Una espesa bruma desciende de las montañas. Aunque hay luz, no hay rastro del sol y el cielo, -si es que es el cielo lo que alcanzamos a ver-, está gris; gris niebla. Aparentemente, nada ha cambiado en la calle. Nunca parece que cambie nada en la calle. Ni tras las elecciones, ni tras el 15M, ni tras el 11S... Tal vez en otras ciudades, en otras calles, pero no en éstas. Por aquí pasa el cartero en su Vespa, como de costumbre. Y el anciano del perro. Y la señora mayor con su hijo retrasado que ya le saca tres cabezas. Aquí todo es normal, vaya. Abro la nevera con el codo.…
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Palo selfie

Microrreflexiones (Entrantes)
Sostiene en sus manos un palo selfie (bastón para autofotos, selfie stick, monopod…) y, por medio de éste, se dispara. Dispara a su propia vida. De frente, de lado, mirando hacia atrás. Poniendo morritos. Elevando la barbilla. En actitud despreocupada. En el bar, en la universidad, en la piscina. El palo selfie aporta distancia y perspectiva, como el tiempo. De hecho, la Teoría de la relatividad nos dice que la distancia que la luz habrá de recorrer desde la apertura y cierre del diafragma hasta la superficie del sujeto fotografiado será mayor, por lo que el paso del tiempo será mayor: El sujeto no será el mismo cuando apriete el obturador que cuando la cámara registre la realidad convirtiéndola en una sopa de píxeles. Será otra persona. Tal vez no…
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Uno que sangra

Relatos (Plato fuerte)
Ahí lo tienen. Es Juan Cafeína. Escritor y poeta anónimo. No porque carezca de nombre, sino porque no lo conoce ni Dios. Sólo es otro escritor olvidable y prescindible. Él lo sabe. Los demás, la gente que lo rodea en aquel garito de luces cenitales color añil, no tienen la mínima sospecha de esto. Porque ninguno de ellos vive dentro de su cabeza. Está ahí, dando sorbos a una cerveza templada, apoyado contra una de las columnas, como si la función de la columna, más que sostener el techo, fuera la de sostenerlo a él. Dentro de su cabeza se está gestando una tormenta emocional. Está pensando. Pensando en el tipo que hay frente a toda esa congregación. El tipo que los tiene a todos en silencio y a la…
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Lista de la compra para escritores

Microrreflexiones (Entrantes)
Todo escritor que se precie debe escribir en algún momento de su vida un decálogo o un tetrálogo o un octólogo o una lista de entre dos y no más de treinta y seis consejos para futuros/posibles/no natos escritores. Aquí va la mía: 1.- Diviértete cuando escribas. Uno se puede divertir clavándose alfileres en el brazo o lanzándose por las pistas blandas de tu imaginación. Cómo te diviertas es asunto tuyo. 2.- Vive en la ciudad, pero escribe en la montaña. Apartado, solo y en silencio. Escapa de los mugidos humanos. 3.- Busca el trance. El momento de máximo enfoque. En mi caso me suele llevar hasta media hora o más coger la velocidad de crucero. Cuando estés a escape libre no pienses ni corrijas nada, pisa a fondo. 4.-…
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El personaje ciudad

Microrreflexiones (Entrantes)
Una ciudad puede ser un personaje de ficción. Un personaje un tanto pasivo, pero un personaje al fin y al cabo. Para empezar, las ciudades tienen un nombre. Puedes llamarlas, no acuden a la llamada. Pero puedes evocarlas. Puedes asomarte a tu ventana y gritar: ¡Granada, cómo te echo de menos! o ¡Madrid, eres una ciudad muy furcia! Porque ésa es otra, uno puede añorar una ciudad, o estar cabreado con una ciudad, o haber sido seducido por una ciudad o estar aburrido de una ciudad… lo mismo que con las personas. Las ciudades, bien miradas, son parecidas a mujeres mayores que engordan y se retocan cada x años, y que nos crían y nos educan y nos convierten en lo que quiera que seamos cada uno. Una ciudad te…
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Lo que este país se merece

Microrrelatos (Primer plato)
Laura entra al servicio de chicas después de un buen rato haciendo cola, cierra con pestillo y comprueba el estado del rímel y de la sombra de ojos en el espejo. También examina lo enrojecidos que están y la dilatación de sus pupilas. Sin mucho pensarlo, se abre la cremallera del chándal Adidas y se saca un gramo de coca de entre las tetas. Desanuda el alambre y abre la bolsita. La deja abierta sobre el lavabo. Saca el monedero de su bolso. Extrae una tarjeta de crédito del Banco Santander y escarba con ella en la montañita blanca. Aparta una porción y la esparce sobre el dispensador de papel higiénico. La aplasta. La machaca y la estira hasta darle forma de variz. Saca un billete de veinte, lo enrolla…
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La épica de un outlet

Diálogos (Aperitivos), Microrrelatos (Primer plato)
            —¿Tenéis alguna con la cara de Malcolm X o del Ché?            —¿El Ché? Ésas ya no se venden. Eso está más pasado de moda que mi abuela.             —¿Y con la imagen de Gandhi tenéis alguna?         —¿Gandhi? Pff. No. Lo más fácil es que te decidas entre la de Sheldon Cooper sacando la lengua a lo Einstein y la de Metanfetamina 100% Heisenberg. Ya no se lleva mucho lo de poner caras en las camisetas. Eso es muy de los noventa, ¿no?       —Es que estoy buscando algo para mi sobrino, que es muy revolucionario, ¿sabes? Tiene el Facebook lleno de cosas sobre la república y el 15M y no para de enviarme invitaciones para que firme contra la pesca de ballenas.             —Uy, sí, las ballenas.…
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